A simple vista, si abres el paletero de cualquier jugador o echas un vistazo rápido a un tubo de pelotas recién comprado, podrías jurar que no se distinguen unas de tenis y unas de pádel, ya que ambas son esféricas, están recubiertas de ese inconfundible fieltro amarillo fluorescente y comparten la icónica línea blanca que las recorre. Sin embargo, en Pádel Sport Home podemos decirte que, en el mundo de los deportes de raqueta, las apariencias pueden engañar, especialmente en el tenis y el pádel: descubre las diferencias ocultas en sus pelotas.
Aunque el pádel nació como un derivado del tenis y comparten cierta genética, su evolución los ha convertido en deportes completamente distintos. Las dimensiones de la pista, los materiales de golpeo y la presencia de paredes o cristales exigen que cada elemento esté calibrado al milímetro. Y la pelota, el corazón del juego, no es una excepción. Si alguna vez te has preguntado si puedes aprovechar ese tubo de tenis olvidado en el garaje para tu próximo partido de pádel, ¡detente! Te explicamos desde un punto de vista técnico, físico y práctico por qué son tan diferentes y cómo afectan a tu forma de jugar.
¿Por qué no son iguales si se parecen tanto?
La respuesta rápida a esta pregunta se encuentra en el entorno de juego. Una pista de tenis mide 23,77 metros de largo, no tiene paredes y se juega con raquetas que poseen cuerdas, lo que genera un ‘efecto muelle’ al golpear. Debido a ello, el tenis necesita una pelota rápida, que viaje grandes distancias y tenga un rebote vivo.
Por el contrario, el pádel se juega en una pista mucho más pequeña, de 20 x 10 metros, cerrada por cuatro paredes de cristal o muro, y se golpea con una pala rígida de carbono o fibra de vidrio recubierta de goma EVA o FOAM. Si usáramos una pelota con la velocidad y el rebote del tenis en un espacio tan reducido, el juego se volvería incontrolable y caótico, por no hablar de peligroso.
Presión, la madre de todas las diferencias
Existen varios puntos que marcan las diferencias más esenciales entre una pelota y otra. La presión interna es, quizá, la madre de todas las diferencias. La presión que lleva el gas o aire comprimido en el interior de la pelota de goma define cómo se va a comportar al chocar contra el suelo, la pala o el cristal. En tenis, las pelotas están sometidas a una mayor presión (alrededor de 14 psi), lo que las convierte en proyectiles rápidos y reactivos. Sin embargo, en el pádel la presión es ligeramente inferior, ya que el reglamento oficial marca que la presión debe estar entre los 4,6 y los 5,2 kilos por cada 2,54 cm² (unos 11 psi), suponiendo aproximadamente un 0,06 atmósferas menos que en el tenis y permitiendo que el juego sea más lento al reducir la velocidad de salida de la pelota.
Por otro lado, aunque a simple vista no se note, el tamaño entre ambas esferas es diferente. Una pelota de pádel puede llegar a ser ligeramente más pequeña que una de tenis. Este tamaño más compacto ayuda a reducir la resistencia al aire y compensa parcialmente la pérdida de velocidad causada por la menor presión.
Estas son otras diferencias clave entre las pelotas de tenis y pádel
También cabe fijarnos en el rebote, al que podemos considerar la prueba del algodón. Los reglamentos de ambas federaciones internacionales lo miden dejando caer la pelota desde una altura exacta de 2,54 metros sobre una superficie dura; y se supone que la pelota de tenis debe rebotar entre 135 cm y 147 cm, mientras que la de pádel debe rebotar entre 135 cm y 145 cm. Eso establece una diferencia que, aunque parezca mínima, en la pista lo es todo, ya que un rebote de 2 centímetros adicionales en el pádel significa que la bola rebotará mucho más alto al dar contra el cristal, facilitando los remates por 3 metros y desvirtuando la estrategia defensiva del juego.
Por otro lado, también es necesario prestar atención al peso. Aquí es donde ambos deportes se dan la mano, ya que, sorprendentemente, el peso exigido por reglamento es exactamente el mismo para ambas pelotas, debiendo pesar entre 56 y 59,4 gramos.
Y no podemos olvidarnos del fieltro. Aunque parezca una tontería, la capa exterior juerga un importante papel que requiere ciertas distinciones entre un modelo de pelota y otro. En el tenis, el fieltro está diseñado para friccionar contra superficies más abrasivas, como el cemento o la tierra batida, si bien, en el pádel, las pistas suelen ser de césped artificial con arena de sílice. Muchos fabricantes juegan con la longitud y densidad de este fieltro para hacer que la bola se agarre más a la moqueta o resbale menos en el cristal, ofreciendo versiones ‘Speed’ (con pelo más corto y más rápidas), y ‘Control’ (pelo más largo y más lentas).
¿Qué pasa si una pelota de tenis se usa en un partido de pádel?
Con todos estos datos es probable que te preguntes qué pasaría se decidieras probar a utilizar una pelota de tenis en un partido de pádel. Entre las razones que podemos darte para que no lo hagas, está la falta de control. Tal y como sugeríamos al principio, una pelota de tenis saldría disparada de tu pala con demasiada velocidad, lo que te dificultaría bastante realizar dejadas, globos medidos o chiquitas. Además, al chocar con el cristal, la pelota de tenis saldría escupida hacia adelante con mucha violencia, rompiendo los tiempos de espera y la táctica habitual del pádel; y tampoco podemos omitir el riesgo de lesiones. Tu pala de pádel está diseñada para absorber el impacto de una bola con una presión específica. Golpear repetidamente una pelota de tenis (más dura y presurizada) transfiere muchas más vibraciones a tu muñeca, codo y hombro, por lo que, si juegas así a menudo, eres el candidato perfecto para sufrir la lesión más conocida como ‘codo de tenista’.
Pádel y tenis: descubre las diferencias ocultas en sus pelotas. ¿Qué te han parecido? ¿Alguna vez has probado a hacer un intercambio entre ambos deportes? En Pádel Sport Home creemos que nunca viene mal saber diferencias unos materiales y otros, ya que, al final, todos ellos determinan, en gran parte, el juego.
¡No te confundas!

